Desde la pileta "de arriba" en el Hotel D Beach Resort
Santi no quería irse porque el día realmente estaba espectacular para pileta. Pero bueno, teníamos que seguir y nos esperaba Pipa.
Nos costó mucho encontrar la entrada a Tibau do Sul, el partido donde se encuentra Pipa. Aparentemente la autopista estaba o estuvo en construcción por lo que el cartel de entrada estaba medio oculto. Nos pasamos y volvimos varias veces hasta que después de haber sido orientados por la atendedora de una estación de servicio, encontramos la entrada.
Habremos andado casi una hora por una ruta muy linda con casas a los costados y palmeras, y especie de quintas. Mucha vegetación por todos lados. Parecía que estábamos entrando en la selva.
Cuando llegamos a Pipa, nuevamente dimos un montón de vueltas hasta encontrar la Pousada Tamanduá. Las calles de Pipa son bien angostitas, la gente, también camina por las calles, y además son super empinadas. Suben y bajan lomas todo el tiempo.
La Pousada Tamanduá era hermosa. Estaba realmente como en medio de una selva. Estábamos rodeados de palmeras, la habitación era grande y muy cómoda. Sólo había bastante olor a humedad apenas entramos, pero dejamos que se ventile y mejoró un montón.
Nuestra propia hamaca paraguaya
Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a dar una vuelta. No podíamos ir a la playa, porque en Pipa se debe estudiar primero el calendario de mareas, y para la hora en la que llegamos la marea ya había subido. No había más playa. Así que descansamos un poco en la habitación, nos cambiamos y salimos a cenar y a caminar.
Una de las tantas bajaditas (que luego tuvimos que subir)
Nos recomendaron un lugar llamado Pipa Cafe que para nuestra sorpresa era atendido por argentinos. Con San compartimos un salmón con una salsa de limón, pero no nos gustó demasiado. La crema que usaban era diferente a la nuestra y para mí tenía un sabor muy fuerte. El plato de Luis estaba mucho más rico, pero no me acuerdo bien cómo era. Sé que era otro pescado, pero no recuerdo cuál jeje
Caminando por la Avenida Baía dos Golfinhos
De vuelta a la Pousada, estábamos nuevamente muertos. Las subidas y bajadas de las calles de Pipa, terminaron de cansarnos, nos íbamos a tener que acostumbrar.... jajaja!
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